domingo, 23 de agosto de 2009

Artilugio.


Él, loco en su habitación recostado en la cama, dije loco, perdón quise decir solo, trasnochado por pensar y pensar y también por no pensar, la valentía, la fuerza, el poder, de dónde vendrán, se preguntaba, ¿porqué otras personas se ven tan inspiradas haciendo todo a un ritmo tan...?, tan interesados en lo que hacen, tan interesados en terminar o iniciar algo, y él postergando aun más, un poco más eso que no sabe hacer, -nadie nace sabiendo hacer-, en su cabeza se mezcló esa frase, y él horrorizado por ella la trató de negar, con sus ya clásicos déjame de molestar, quién eres tú para intrigarme, al parecer él y sus pensamientos tenían una relación desafortunada, no le hacía caso a lo que le decían, hace un rato había hecho suya la idea de que uno aprende sólo por su propio pie, no de experiencias ajenas o de consejos. Pero también renegaba casi de todo, la idea de trabajar, de comunicarse, de entablar una plática "intelectual", no sabía a que dedicar sus pasos, planteándose la idea de no dar ni un paso más, mejor eso a sufrir por la frustración que viene de la frustración de no querer hacer algo, cómo le molestaban los comienzos, el desarrollo y al finalizar no finalizar por decir que podría quedar mejor. El desarrollo era lo que menos se le dificultaba, pero el inicio o final los odiaba tanto que prefería mejor la ansiedad antes que llegar a ellos. Una ansiedad que odiaba también, es por eso que llegaban otra vez esas preguntas a la cabeza, ¿será fuerza, será poder, será valor?
Se levantó de su cama con una extraña sensación de temblor que le recorría desde el dedo medio del pie izquierdo hasta el punto más alto de su cabeza, se rascó para ver si se le quitaba pero seguía ahí, intentó ahuyentarla estampando su cabeza directamente contra la pared, fue menos el dolor de la cabeza que el dolor de como toque eléctrico que le vino del mismo dedo de donde provenía el malestar, y pensó a de ser que tengo que acabar el malestar por donde siento que inicia, detuvo un momento su cuerpo un sudor le empezó a brotar, se sentía acalorado, por un momento le vino un sobresalto de malestar, cobró conciencia nuevamente, dirigiéndose a su librero apresuradamente sacó algo de por detrás de unos libros, negra algo despostillada por los jugueteos que siempre le había gustado tener con ella, apuntó justo a su dedo medio del pie izquierdo, sintió una gran energía en el centro de su estomago, ahora la mano con la que sujetaba el arma también temblaba, nunca había tomado con tanta firmeza algo para que no se le escabullera, su sudor ya rodeaba la empuñadura, pequeñas gotitas brotaban de ella al son del movimiento. Nunca había tomado una decisión tan importante con el lado izquierdo de su cuerpo, pero en ese momento el sentía un raro odio por su lado derecho del cuerpo al que le había confiado toda su vida pasada, hacía una analogía confusa entre el seguir el camino derecho (el camino correcto) y su parte derecha del cuerpo que en ese momento aborrecía, además que para él era incomodo y poco estético apuntar con su mano derecha al pie izquierdo, ese cruzamiento le provocaba una cierta nausea. Después de elucubrar y estructurar de esa manera su pensamiento, vió a su mano apuntar al pie y se sintió un tanto absurdo, ¿de ahí provendrá el inicio de mi malestar?- se preguntó al tiempo que iba subiendo poco a poco el arma opaca hacia su cabeza, otro cruzamiento entre final e inicio de las cosas que le suspendió en un estado de entre aturdimiento y mareo en el que simplemente....



...¡PLAK!

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