



Para que una obra de arte -se lee entre otras cosas- sea verdaderamente inmortal, es necesario que salga completamente de los confines de lo mumano: el buen sentido y la lógica la perjudican. De este modo, se acercará al sueño y a la mentalidad infantil. La obra profunda será empujada por el artista a las profundidades más recónditas de su ser: allí no llega el murmullo de los arroyuelos, ni el canto de los pájaros ni el susurro de las hojas. Lo que yo escucho no vale nada; lo único que hay son mis ojos abiertos, o, mejor aún cerrados. Lo que importa es, sobre todo liberar, el arte de lo que tiene conocido hasta hoy: toda idea y todo símbolo deben dejarse a un lado , Hay que tener una gran fe en sí mismo, es necesario que la revelación que tenemos de una obra de arte, que la concepción de un cuadro que reproduce determinada cosa sin ningún sentido en sí misma, sin argumento, sin significado desde el punto de vista de la lógica humana, sea tan fuerte en nosotros y nos procure una alegría o un dolor tan grande que nos sintamos obligados a pintar impulsados por una fuerza mayor que la impulsa a un hambriento a morder como una bestia el mendrugo de pan que cae en sus manos.
Imágenes y texto: Giorgio De Chirico
(Volos, Grecia; 10 de julio de 1888 – Roma, Italia; 20 de noviembre de 1978)

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