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viernes, 28 de agosto de 2009

De cuando deserté y una frase.

Distorsión Normal

La primera imagen de cuando fue el truene de mi cabeza y psicología empezó a falsear, por cierto las materias de estadística si las pasé después de todo, fueron otras las que están esperándome para que las afronte.


Y la segunda imagen un valedor le completó:





entonces "¿La cordura es la locura de los cuerdos?"


Una vez más, yo no entiendo si lo que me hace falta es cordura o locura.
O es que me sobra ignorancia.


A Mario por nuestra aberrante amistad.
Imágenes: Ambas en momentos de alejamiento de la realidad(si algo así existe)
Distorsión normal y La locura/Yo (Por ahí del 2004-2005-2006))

jueves, 29 de enero de 2009

Exquisitez.


Cambio de qué y para qué, un llanto hará falta, un grito a lo lejos.
Una sonrisa perseguida y estática como montaña volteada.
Una llamarada me dice: qué te crees tú entre tanto bagaje, entre tanta altanería, un bicho nuevo o sólo un niño que juega a las canicas representadas por sus dos ovalados testículos.
Mueca torcida e infame, postergada al interior del interior.
Franca y cordial duda, cobardía y debilidad, aunadas al paso de los días.
Acaso será una exquisitez tener el alma torcida, o porqué revuelo cada vez que aminoro ese andar en lo mismo.
¿Qué es lo mismo?, la negación de mi ser.

Imagen: Angulos Aleatorios/Alejandro Maldonado Ramirez

jueves, 8 de enero de 2009

Fragmento Lázaro-Ciro Alegría

Chamorro dijo:
- Mi pobre mujer vive con el corazón en la boca. Y a veces me ruega: "No te metas, Pedro, no te metas". Comprendo su ruego. ¿Pero qué sería de nosotros si renunciáramos a hacernos valer? Yo me sentiría como un buey enyugado ¿y ustedes? No me digan que no. Si el pobre se resigna la pobreza duele más...
- Eso crees, Primero -adujo Carmelo Fuentes-. Mira que yo me he puesto a pensar algunas veces en eso, aunque mi cabeza no me da para mucho. Pero hay cosas de las que no puedes salir tan fácil. Hay puertas cerradas con dos candados y quizás con tres. Uno es la pobreza. Naces pobre, ése es el primer candado. No te puedes educar, ése es el segundo candado. Y el tercero, pues, que los ricos tienen la fuerza. Ése es el tercer candado... Entonces si el pobre se desespera, la pobreza duele más... Un poco de resignación en el pecho, y el pobre va pasando.

Lázaro, Ciro Alegría
Editoral La Oveja Negra
Bogotá 1980