jueves, 29 de enero de 2009

Exquisitez.


Cambio de qué y para qué, un llanto hará falta, un grito a lo lejos.
Una sonrisa perseguida y estática como montaña volteada.
Una llamarada me dice: qué te crees tú entre tanto bagaje, entre tanta altanería, un bicho nuevo o sólo un niño que juega a las canicas representadas por sus dos ovalados testículos.
Mueca torcida e infame, postergada al interior del interior.
Franca y cordial duda, cobardía y debilidad, aunadas al paso de los días.
Acaso será una exquisitez tener el alma torcida, o porqué revuelo cada vez que aminoro ese andar en lo mismo.
¿Qué es lo mismo?, la negación de mi ser.

Imagen: Angulos Aleatorios/Alejandro Maldonado Ramirez

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